El rincon de los refranes

Una gran ceporrez

   Científicos americanos descuben entre Marte y Júpiter un asteroide bautizado con el nombre “16 Pysche” que dicen posee oro por valor de 10.000 cuatrillones de dólares.  Una bagatela de nada. Si el que lo ha calculado no se ha equivocado, tocaríamos cada uno de los 7.650 millones de terrícolas a 1,3 billones de dólares.

   Parece ser que no saben cómo se podría extraer y traerlo a la tierra, pero dicen que todo se andará.

    No voy a faltar a estos científicos, que seguro que en el momento de publicar el descubrimiento no estaban para nada pensando en dólares, pero sí a los publicadores de la noticia por lo que creo es un craso error.

  Para aclararnos, el oro vale lo que vale un poco por sus cualidades, que las tiene, pero principalmente por su escasez; pues si el oro abundase como el espejuelo en los montes de Villarejo, que es como parece debe de estar en ese asteroide de marras, tendría precio de chatarra. Para entendernos, almacenar oro si abundase, no serviría de nada. El día que tengamos una crisis de verdad en la tierra, lo que valdrá de algo serán los alimentos. Un tomate, un kilo de legumbres o el huevo de la gallinita podrán valer más que un kilo de oro y se confirmará que: “Más vale un buen nutrimiento que oro ni argento”.   

   Y hablando de crisis, lo que está pasado con esta palabra es que se está devaluando su significado como con las alertas meteorológicas; siempre estamos en ellas. Crisis en los países, digamos ricos, producida por un exceso de producción, “pa echarse a reir” o mejor dicho “Pa mear y no echar ni gota”, la crisis auténtica será cuando no haya alimentos básicos como el pan, aceite, leche… Y sobre las alertas climatológicas parecido, sopla un poco el viento o caen cuatro gotas y ya estamos en alerta. Todos hemos visto nuestra calle Mayor como un río, y los caminos estrozáos por las riadas; y de viento, me contaba mi padre que un año todas las eras de Villarejo fueron barridas sin esfuerzo, un vendaval arrasó con las mieses e incluso cambió rulos de sitio.

    En cuanto a la sequía, lo mismo de lo mismo, lo que pasa ahora es que como las necesidades de agua han crecido exponencialmente, “casas con dos cuartos de baño, duchas diarias, frutas fuera de época, piscinas…” siempre estamos con la “soga al cuello” en cuanto a reservas de este elemento, pero veranos e inviernos secos los ha habido siempre.

   Lo que sí sobresale en el corto espacio de nuestra existencia es la falta de frío en invierno. Vamos, que hiela menos y la nieve donde antes era normal, na de na.  

   Para terminar solo quiero decir que nadie interprete estas notas como una negación del cambio climático, ya que como decía un filósofo alemán: “El cambio es la única cosa inmutable”.  No hay que ser un lumbrera para saber que se está produciendo a más velocidad de las medidas aplicadas para ralentizarlo y que las consecuencias pueden ser catastróficas.

A. M.-Treceño

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