Historia de Villarejo

La ermita de San Pedro en Salvanés

Dentro del proyecto denominado “Salvanés - Tierra de frontera”, en 2017 se desarrolló una campaña de investigación arqueológica en la ermita de San Pedro y en el despoblado medieval de Salvanés.

Los arquéologos Luis Andrés Domingo y Amparo Aldecoa trabajaron durante todo el mes de julio con un equipo de personas voluntarias. El proyecto fue organizado en colaboración con el colectivo de participación ciudadana Villarejo Educa, y contó con la aportación de la ONG S.C.I, encargada de coordinar a l@s voluntari@s provenientes de distintas partes del mundo.

Los objetivos científicos de esta primera campaña se centraron en la realización de un estudio de la documentación histórica existente, pero también en el estudio directo de algunas partes significativas de la construcción más evidente del yacimiento, es decir, la que fue Iglesia Parroquial de la aldea de Salvanés entre los siglos XII y XIV y posteriormente ermita aislada hasta la segunda mitad del siglo XVIII, cuando se inició su ruina.

2020 01 03 10 16 38Acceso a este documento completoEstas son algunas de las conclusiones más importantes de uno de los trabajos presentado por el arqueólogo Luis Andrés Domingo Puertas durante la Reunión de Arqueología Madrileña 2018, celebrada en Madrid los días 25 y 26 de mayo de 2018. El documento completo de este trabajo se puede consultar haciendo clic en la imagen junto a estas líneas. Todas las actas están accesibles en este enlace de Contexto Gestión. Estos documentos se presentaron el pasado mes de noviembre.

El yacimiento arqueológico del despoblado de Salvanés, se sitúa en la mitad sur del término municipal de Villarejo de Salvanés, a una distancia aproximada de 7 km en línea recta del casco urbano en dirección sureste (Figura 1). Se enclava en el valle de San Pedro, cuyo nombre deriva precisamente de la advocación de la Iglesia del antiguo despoblado medieval, que más tarde, a partir del siglo XIV, se convirtió en ermita aislada, tras el abandono de la aldea en favor del actual núcleo de Villarejo (Redondo Alcaide, 1992: 71).

El de San Pedro es un valle labrado en los páramos del sur del municipio por un arroyo que tiene su origen en el paraje de Santa María y discurre con orientación Norte-Sur hasta desembocar en el río Tajo. Orográficamente es un valle muy marcado en los terrenos yesíferos de la zona y tiene laderas abruptas que delimitan una franja de vega muy fértil y productiva que ha sido foco de atracción del poblamiento desde la Prehistoria hasta la actualidad. El agua, la fertilidad de la vega, la disposición de recursos forestales y cinegéticos y el paso de algunas rutas de comunicación tradicionales por la zona, han sido factores importantes en la presencia de distintos asentamientos diseminados a lo largo del valle y, especialmente, de la aldea de Salvanés.

La distinción geográfica e histórica entre el primitivo núcleo de Salvanés y el enclave que ocupa el actual Villarejo de Salvanés, no siempre estuvo clara para muchos estudiosos, pero fue resuelta definitivamente por Mª. I. Redondo, quien estableció una hipótesis sobre la ubicación física del primero y su vinculación con el posterior surgimiento del segundo (Redondo Alcaide, 1992: 68-77).

Se trata de un yacimiento que actualmente conserva visibles los restos arruinados de la Ermita (Figura 2) y que reúne una serie de aspectos que lo convierten en un objeto de investigación histórico-arqueológica muy interesante desde distintos puntos de vista y, especialmente, desde el que tiene que ver con el propio origen de Villarejo de Salvanés y sus raíces, así como en relación con el proceso de repoblación cristiana de estos territorios en la Edad Media.

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Origen y desarrollo histórico de Salvanés

Antes de entrar a exponer con detalle los datos documentales disponibles en relación directa con el despoblado de Salvanés, conviene que hagamos un somero repaso del marco histórico general en la cuenca central del río Tajo, en el que se engloba la aparición, desarrollo y abandono de este enclave.

En 1085, el rey al-Mutamid de Toledo se rindió ante Alfonso VI y éste se apoderó del territorio que anteriormente disfrutaba el monarca toledano. Las crónicas cristianas lo describen mediante una lista de enclaves principales que pasaron a manos del rey castellano. No obstante, la estructura del poder andalusí preexistente en estos territorios recién adquiridos por el rey, aunque pareció seguir vigente en algunos aspectos, en realidad pasó a tener un carácter netamente distinto, manifestando una neta ruptura con el pasado andalusí (Martín Viso, 2003: 69-70).

En un primer momento, los monarcas castellanos albergan la intención de adaptar la organización territorial que se encuentran a las necesidades exigidas por el modelo feudal y, por ello, salvo algunas plazas estratégicas que, inicialmente, quedaron en manos del monarca, este no dudó en ceder el dominio de ciertos territorios a otros poderes. Sin embargo, una buena parte del patrón poblacional implantado durante el dominio islámico fue aprovechado posteriormente en el proceso repoblador y en el modelo de aprovechamiento económico del territorio desarrollado, esta vez, sobre la base de la organización feudal.

De hecho, una vez reconquistado Toledo y sus territorios, gran parte de la frontera entre cristianos y musulmanes en la cuenca del Tajo, fue donada por el rey Alfonso VI a particulares y, en especial, a la Iglesia de Toledo, que tuvo la consideración de sede primada y cuyo papel político y militar en la repoblación llegó a ser incluso superior al de la Corona. Se trataba de una estrategia militar, social y política para organizar el territorio e implantar una eventual defensa frente a incursiones provenientes del sur.

Los avatares políticos y militares de la zona en la que se inserta Salvanés, no favorecieron los intentos de repoblación del territorio, al menos hasta mediados del siglo XII, aunque la inestabilidad se prolongó en nuestra zona, hasta principios del siglo siguiente. La respuesta almorávide a la pérdida de estos territorios por parte andalusí, perdió fuerza con la rendición de Alcalá al arzobispo Bernardo en 1118, pero el castillo de Oreja se mantuvo en manos andalusíes hasta 1139, por lo que la situación de amenaza se mantuvo en esta zona dificultando el asentamiento de contingentes repobladores.

Entre 1085 y 1091, se toman Toledo, Uclés y Oreja, siendo este último enclave importante para el control del tramo del Tajo que comprende la zona que nos ocupa, lo que hace suponer que ya en este momento el paraje de Salvanés se encontraría bajo dominio cristiano (Larrén Izquierdo, 1984: 67-74; Redondo Alcaide, 1992: 75).

El primer documento en el que se menciona explícitamente el paraje de Salvanés corresponde a una carta de donación que, apenas catorce años después de la incorporación de Toledo y sus territorios al reino de Castilla. En dicha carta de donación, fechada el 23 de abril de 1099, Alfonso VI otorga a la Iglesia de Toledo, en la figura del Arzobispo Don Bernardo, los parajes de lo que se conocía como la Rinconada de Perales, situada a orillas del Tajo, en los que se incluían Montroleas, Alboher, Valdepuerco y Valle de Salvanés: “dono la Renconada de Perales, citra Tagum et ultra Tagum scilicet Montroleas cum suis terminis et directuriis ultra Tagum et citra Tagum, et Alboher cum saris terminis et directuris, amítra Tagum et citra Tagum sicut cadit Val de Porco in Tagum, cum piscariis et molendinis et omnibus laboribus qui in istis terminis fuerint, et insuper Val de Salvanes, cum toto suo termino, sicut tendit usque las Alcarrias, cum suis aquis dulcibus, salsis et amaris, cum ingressibus et egressibus atque cum omnibus pertinentiis suis” (AHN, OO.MM. Uclés, C 326, nº 1). Este documento, confirma la voluntad repobladora de la monarquía en los territorios mencionados y la delegación de dicha tarea a la Iglesia toledana.

Este primer intento repoblador, del que debemos suponer una primera ocupación cristiana de Salvanés, resulta inestable en los primeros momentos, dada la situación de inseguridad propia de la zona fronteriza del Tajo y aún más teniendo en cuenta la pérdida inmediata de Oreja tras la batalla de Uclés en 1108, lo que supuso un importante riesgo durante años para los dominios cristianos en la zona central del Tajo y, consecuentemente también, para la incipiente aldea de Salvanés.

La inseguridad que impera en la zona debido al peligro que suponen las incursiones almorávides durante la primera mitad del siglo XII, llevó a que muchos particulares abandonaran las tierras y se acogiesen a lugares más seguros, hecho que aprovechó la iglesia toledana para asumir el control de la zona, aunque sin poder repoblarla de manera efectiva por falta de población (Martín Rodríguez, 1974: 47).

La situación se mantuvo así hasta que, finalmente, en 1139, Alfonso VII recobró la plaza de Oreja, concediendo de inmediato, el 3 de noviembre, un fuero en el que, dada la delimitación territorial que en él se recoge y aunque no se menciona explícitamente a Salvanés, nuestro territorio quedaría comprendido (Redondo Alcaide, 1992: 76). No obstante, pese a este empeño de Alfonso VII de reforzar esta zona y reorganizarla con fines repobladores, los años siguientes evidencian una progresiva disminución del término afectado por el Fuero de Oreja en favor de la Iglesia toledana o de otros particulares, por lo que todo el proceso puede considerarse fallido. De hecho, en lo que concierne a nuestra aldea, sabemos que el 4 de febrero de 1156, el mismo rey la desgaja del Fuero de Oreja en favor de la Iglesia de San Ginés de Toledo (Martín Rodríguez, 1974: 195, nº 25, documento desaparecido), un hecho que manifiesta el fracaso de la repoblación en esta zona, en buena medida por la inseguridad que se derivaba de la proximidad a la línea del Tajo y las adversas circunstancias que padecía el territorio. En 1156, sabemos pues que existe de forma efectiva la aldea de Salvanés, contrastando con la alusión meramente geográfica que se recogía en la donación de 1099.

La consolidación de la aldea de Salvanés es una realidad hacia 1180, cuando el Arzobispo de Toledo, don Cerebruno disputa su posesión a la Orden Militar de Santiago (AHN, Tumbo Menor de Castilla, Lib. III, doc. 80, pp. 313-314): “Istas sunt litteras de remembrana de ipsa hereditate ut demandava archiepiscopo Celebruno toletane sedis, al magistro de los fratres Sancti Iacobi de Aurelia et de Alfariella et de Salvanes usque in Xaramba, de Xaramba usque cadit in Taio. Et de ista hereditate habuerunt iudicio ut magistes P.F. habeat possesionem de ista hereditate ut stet inde ad iuditio. Et homines del archiepiscopo pignorarunt ganado per ista hereditate et fuit iudi cato alia vice ut duplassent illa pignora. Alia vice in Coriel, in presentia domini regis A. demando el archiepiscopo ista hereditate et dedit per iudicio domini regis Aldefonsi et suos iudices ut Petro Fernandi, magistro Militie Beati Iacobi habeat in iuro ista hereditate” (Martín Rodríguez, 1974: 300). Desde del año 1172, por deseo de Alfonso VIII, la Orden Militar de Santiago dominaba algunos puntos estratégicos de de la cuenca central de la ribera del Tajo, como el castillo de Alharilla (AHN, OOMM, Uclés. C. 86, nº 3), y como pone de manifiesto el anterior texto, al menos desde 1180, Salvanés se encuentra ya en poder de la Orden, teniéndose que conformar el arzobispo de Toledo con preservar sus derechos eclesiásticos, como confirman dos acuerdos posteriores, uno de 6 de agosto de 1214 (AHN, OOMM, Uclés, C. 326, nº 4; Rivera Garretas, 1985: 285-287, nº 72) y otro de 15 de marzo de 1243 (AHN, OOMM, Uclés, C. 326, nº 24 y 26; Rivera Garretas, 1985: 398-400, nº 192), documentos en los que aparece también mencionada la iglesia de Valdepuerco, lugar que junto con Salvanés conformarán una de las encomiendas santiaguistas de la rivera del Tajo. En estos documentos se menciona expresamente la existencia de una iglesia en Salvanés, y no así en Valdepuerco, por lo que deducimos la dependencia de este último con respecto al primero, dada su proximidad. Es la primera vez que se menciona la iglesia como tal, aunque debía existir, como es lógico, desde el origen mismo del asentamiento medieval, a mediados del siglo XII, o incluso antes.

Salvanés es, por tanto, un núcleo de población aldeano fundado en tierra de frontera, probablemente, en base a la existencia previa de ocupaciones anteriores a la reconquista. El caserío medieval, cuyo edificio principal sería la iglesia de San Pedro, de la cual aún permanecen visibles en superficie algunos restos, se situaba en los aterrazamientos intermedios de la margen derecha del curso medio del valle de San Pedro, ligeramente elevado sobre el fondo del valle para salvar el nivel de inundación del arroyo.

Un elemento destacable del entorno es la proximidad del cerro de la Atalaya, con visibilidad directa y muy destacada desde el despoblado. Este cerro cónico, actualmente descabezado por las obras que hace décadas se realizaron en la Carretera de Valencia, parece haber dispuesto en su cima de una construcción defensiva y de vigilancia que serviría a las labores de control del territorio fronterizo del Tajo y de las vías de comunicación, así como del propio valle de Salvanés, sobre todo entre los siglos XII y principios del XIII, si bien se tiene noticia de indicios que remiten a su construcción en época musulmana (Redondo Alcaide, 1992: 73). Su proximidad a enclaves como Salvanés y Santa María, lleva a pensar en una relación de complementariedad, siendo esta atalaya una referencia defensiva importante en los siglos convulsos en los que la línea del Tajo marcó la frontera entre musulmanes y cristianos. Es muy probable que la ubicación de los enclaves cristianos de los que hablamos, se eligiese en función del reaprovechamiento de esta atalaya musulmana, convirtiéndola en un referente de seguridad para los primeros pobladores, dada su privilegiada posición estratégica y su dominio visual sobre los territorios de la retaguardia inmediata de la línea del Tajo y sobre el valle de San Pedro.

Pero no solo cabe valorar el enclave de Salvanés como una más de las aldeas de repoblación que existían en la zona, sino que además disponemos de evidencias documentales que nos permiten afirmar la existencia de una encomienda santiaguista que comprendería los territorios de Salvanés y Valdepuerco (Matellanes Merchán, 1999: 50-51). Así, en un documento fechado el 4 de octubre de 1240, se menciona a Jimeno Iñiguez de Lanclares como comendador de Salvanés y Valdepuerco (Rivera Garretas, 1985: 377-378, nº 174). Este mismo comendador vuelve a aparecer en un capítulo general fechado entre octubre de 1240 y el 13 de septiembre de 1241 (Rivera Garretas, 1985: 382-383, nº 180). Basándose en el primero de los documentos antes citados (Rivera Garretas, 1985: 377-378, nº 174), J. V. Matellanes ha señalado que Valdepuerco podría pertenecer a la encomienda, si bien sus rentas podrían estar sujetas a la jurisdicción del Maestre, propuesta que se basa en que en 1240, el este dona este lugar a un criado en prestimonio vitalicio, para saldar un deuda. Lo que viene reforzado porque además, esta operación, recibe la autorización de los comendadores de Estremera y Salvanés y suscrita por el comendador de Uclés (Matellanes Merchán, 1999: 51)

Con fecha de 10 de diciembre del año 1267, Don Fernando, obispo de Segovia, y Don Pelay Pérez, Maestre de la Orden Militar de Santiago, alcanzan un acuerdo relativo a los límites entre los términos de Belmonte, y los de Colmenar, Villarejo y Valdepuerco (AHN, OOMM, Uclés, C. 86, nº 8; Vid. Rivera Garretas, 1985: 429-431 y Redondo Alcaide, 1992: 489-492, nº 5). En otro documento, relativo al mismo litigio, fechado el 10 de septiembre de 1299 (AHN, OOMM, Uclés, C. 86, nº 10; Vid. Redondo Alcaide, 1992: 492-494), se resuelve definitivamente el conflicto. Este litigio, además de una pugna por el poder en la zona en relación con los pastos y la explotación ganadera, nos da una imagen de la importancia económica que, en estos momentos, tiene la explotación ganadera de la zona y debemos suponer que es uno de los principales recursos de la Encomienda de Salvanés.

Los grandes señores de la zona, junto con los concejos, las Órdenes Militares y el arzobispado de Toledo, intentaron orientar la explotación de estas tierras hacia la ganadería, bien para criar y hacer crecer sus propios ganados o para el arrendamiento de los pastos a otros rebaños (Ruiz Gómez, 2002: 120). Por ello, uno de los recursos económicos básicos de la Orden de Santiago en esta zona era la explotación ganadera, especialmente ganado ovino que aprovechaba los pastos que se extendían en los territorios de su encomienda y los de la aldea de Belmonte. Esta explotación ganadera y sobre todo el uso común de los pastos provocaron un conflicto de intereses con los habitantes de Belmonte y, en consecuencia, con el obispo de Segovia, con quien se llega al acuerdo ganadero recogido en el documento antes citado de 10 de diciembre de 1267. Este acuerdo establecía una comunidad de pastos y la creación de unos alcaldes de los pastores que regularían y sancionarían las actividades ganaderas en la zona de pastos situada en la ribera norte del Tajo, salvando así las diferencias que existían sobre el gobierno de los términos, montes, dehesas, pastos yaguas de Villarejo, Valdepuerco y El Colmenar, con los vecinos de Belmonte, vasallos de la Santa Iglesia de Segovia.

El origen de Villarejo en relación con la aldea de Salvanés y su abandono

En las Relaciones histórico geográficas de Felipe II (BRME, Tomo II, fol. 57-64; Tomo VI, fol. 724-728; Vid. Viñas y Paz, 1949: 719-728; Redondo Alcaide, 1992: 551) se recoge lo siguiente: “Primeramente al primer capitulo de la dicha instrucion las dichas personas de suso nombradas dizeron que esta dicha villa se dice y nombra la villa del Villarejo de Salvanes y este es su comun nombre porque se trasplanto en su propio termino de un pueblo que se decía Salvanes y por se haber pasado se nombra el dicho nombre del Villarejo de Salvanes.

Al segundo capitulo dixeron que el dicho pueblo del Villarejo podrá haber que se mudó y acabó de pasar de Salvanes a do agora está, doscientos años poco más o menos.”

De estas dos respuestas, obtenemos una información valiosa en dos sentidos: por un lado, confirmamos la mudanza de los habitantes de Salvanés al Villarejo, que como remarca el texto, fue progresiva (“…se mudó y acabó de pasar…”) y no repentina; y por otro, que esta se concluyó unos doscientos años antes de la elaboración de dicho cuestionario, es decir, entre mediados y finales del siglo XIV. Normalmente le había dado a esta cifra un valor grueso sin poca importancia cronológica, dando más peso al hecho de que la ausencia de referencias a Salvanés en los textos posteriores a mediados del siglo XIII y la aparición del Villarejo a partir de ese momento, marcaba la desaparición del primero en favor del segundo, casi de una manera automática y por diversos factores (Redondo Alcaide, 1992: 88). Pero lo cierto es que hay que considerar muy seriamente la posibilidad de que nos encontremos ante datos complementarios si atendemos a un proceso de cierta duración, es decir, el abandono de Salvanés en favor de Villarejo se prolongó durante varias décadas en un periodo en el que convivieron ambos enclaves. De este modo podríamos situar dicho proceso entre los años inmediatamente anteriores a la primera mención de Villarejo (1267) y el terminus ante quem que marca el dato ofrecido por las Relaciones histórico geográficas de Felipe II, que situaría el abandono definitivo de Salvanés en torno a mediados del siglo XIV, momento a partir del cual ya solo tenemos noticias de la Ermita. Asimismo, no podemos obviar, en relación con esta definitiva absorción de los habitantes de Salvanés, los cambios que acaecen en Villarejo de Salvanés a mediados del siglo XIV y que tienen su exponente en las importantes reformas que se realizan en el primitivo castillo y que deben obedecer posiblemente a la promoción de Villarejo como miembro y posible cabecera de la Encomienda Mayor de Castilla, tal y como ha señalado M. Presas (2015: 33), si bien no hay confirmación de este hecho hasta 1468, como ha apuntado I. Redondo (1992: 103-104) y que podría explicar también el ocaso definitivo de la Encomienda y caserío de Salvanés en favor de Villarejo de Salvanés.

En los siglos sucesivos, el entorno del despoblado se menciona como “La dehesa de Salvanés en el término y jurisdicción de Villarejo” o “el ejido de Salvanés” (Por ejemplo en la Visita del 7 de julio de 1554, AHN, OOMM, Uclés, Lib. 1086 C, s. fol.). También lo encontramos mencionado como “el sitio y ejido de San Pedro de Salvanés” en un documento fechado en Valladolid el 24 de septiembre de 1555, perteneciente a un pleito entre el Concejo de Villarejo de Salvanés y el Comendador Mayor de Castilla, Don Luis de Requesens (ARChV, Pleitos civiles, Escribanía de Pérez Alonso. Fenecidos, C. 911 y 912, Leg. 172). En este mismo documento, se recoge también el siguiente pasaje, sumamente interesante: “...aquel término e sitio que llaman San Pedro de Salvanés fue donde estuvo poblada la dicha villa de Villarejo de Salvanés, y que allí hay hoy día casas y cimientos por do se ve haber sido población, e que eran alrededor todo aquello eras y ejidos e que todo aquello está incluso y metido dentro de los términos de la dicha villa y que así les pertenece por público y concejil…” Y más adelante, “…la probanza de revisión que por vista de ojos parece haber sido allí población y que siempre ha sido y es fama pública que allí estaba poblada la dicha villa de Villarejo, y también tiene probado que por ejido cosa pública e concejil han pacido los vecinos con sus ganados pacíficamente hasta que los dichos comendadores lo han apropiado y tomado para sí.”

También en la Visita de 26 de enero de 1605 a los bienes de la Encomienda Mayor de Castilla se menciona “La dehesa de Salvanés que es junto a San Pedro de Salvanés de que hay apeo con el concejo y los diezmos de lo que en ella cogiere la encomienda” (AHN, OOMM, Uclés, Lib. 11 C, s. fol.; Vid. Redondo Alcaide, 1992: 601, nº 39).

Así mismo, se menciona de nuevo este paraje en el Donativo de la villa de Villarejo de Salvanés de 1 de marzo de 1625 (AGS, Contadurías generales, Lib. 47, fol. 1-38), un pago obligatorio de 2.000 ducados a la Hacienda Real, que se obtuvo de “…cortar un monte de encinas que este concejo tiene propio suyo en su término y jurisdicción que se llama el monte de Salvanés que está una legua de esta villa…”, noticia que nos da una imagen del entorno y uso de este paraje en la fecha del documento.

Ya en pleno siglo XVIII, en la Visita de 31 de diciembre de 1738 (AMV, s. sig., s. fol.; Vid. Redondo Alcaide, 1992: 615, nº 46), en la descripción de la ermita de San Pedro de Salvanés, se dice: “Dista una legua de la villa, está por donde dicen el valle de Salvanés, junto al ejido de la Encomienda.”

Todavía en 1751, tal y como aparece en la respuesta vigésimo tercera de las Respuestas Generales para el establecimiento de la Única Contribución (AGS, Dirección General de Rentas, 1ª Remesa, Lib. 623, fol 699r-748v, provincia de Toledo; Vid. Redondo Alcaide, 1992: 628, nº 48), se mantiene el mismo uso: “... pertenece al concejo un monte encinar llamado Salvanés, cuyos pastos son común a los vecinos; está prohibida la corta de sus leñas por estar destinado a fabricar carbón, hecho que se realiza cada dieciséis años…”

La ermita de San Pedro tras el abandono de Salvanés

Tras el abandono definitivo de la aldea de Salvanés y la absorción de su población por Villarejo, en el paraje despoblado solo se conservó la Ermita y la casa del ermitaño. Ambas construcciones siguieron en pie durante varios siglos y en aparente uso, pues se registra, como veremos, la presencia de un ermitaño y el mantenimiento del edificio y de su ajuar litúrgico en distintos momentos posteriores. A partir de mediados del siglo XIV, la construcción, como ocurrió también con la del despoblado de Santa María y la de Valdepuerco, fue ermita dentro del término de Villarejo como posesión de la Encomienda Mayor de Castilla y debemos suponer la pervivencia del culto, a tenor de los datos que proporcionan los textos y, especialmente, las descripciones recogidas en las Visitas.

La primera descripción precisa de la Ermita de San Pedro aparece en la Visita realizada en 1508 en la que se describen los bienes de la Encomienda Mayor de Castilla en Villarejo de Salvanés (AHN, OOMM, Uclés, Lib. 1073C, s. fol.; Vid. Redondo Alcaide, 1992: 502, nº 13): “San Pedro, en el camino de la dicha villa, fecha de dos naves, tiene una capilla con un buen retablo dorado de la vocación de San Pedro y en el altar una imagen de Nuestra Señora y otra de Santiago, tiene una cruz de latón, otra de madera, unos candeleros de hierro, una lámpara con su bacín, un frontal pintado, una sábana, una manta vieja listada, una campana en el campanario. Junto a la ermita una casilla en que vive el santero, está bien reparada.

También se recoge una descripción con algunos datos adicionales en la Visita del 22 de julio de 1515 (AHN, OOMM, Uclés, Lib. 1079 C, s. fol.; Vid. Redondo Alcaide, 1992: 509, nº 14), apenas siete años después, y añade algunos datos más sobre las características constructivas: “Ermita de San Pedro. Está a una legua de la villa camino de Fuentidueña es de dos naves, tiene una capilla de bóveda y dos altares con un retablo de talla dorada y con una imagen de Nuestra Señora y otra de Santiago y otra de San Pedro delante de la capilla está una red de madera con su cerradura y llave. Y junto a la ermita está una casa para el ermitaño, tiene la dicha ermita sus buenas puertas con su cerradura y llave.”

Se vuelve a dar cuenta de la Ermita de San Pedro en la Visita de 26 de enero de 1605 con una escueta noticia que no alude a las características del edificio ni a su ajuar: “Un mayordomo la cuida y responde por ella” (AHN, OOMM, Uclés, Lib. 11 C, s. fol.; Vid. Redondo Alcaide, 1992: 600, nº 39).

En la Visita de 31 de diciembre de 1738 (AMV, s. sig., s. fol.; Vid. Redondo Alcaide, 1992: 615, nº 46), se ofrece una prolija descripción de la ermita de San Pedro de Salvanés, que nos permite conocer su estado durante el siglo XVIII: “Dista una legua de la villa, está por donde dicen el valle de Salvanés, junto al ejido de la Encomienda. Es de fábrica de mampostería con cinco estribos a cada lado, y sus bóvedas y armadura de tijera, tablas y tirantes que las mantienen, todo está bueno, salvo una limatesa rota desde hace años que está apuntalada por un pie derecho con el que se mantendrá muchos años. A la buhardilla del campanario le faltan algunas tejas por los aires que corren, y en la triviña de dicha ermita hay dos hendiduras en los rincones. Las puertas son enrasadas con sus travesaños, cerradura y llave, y una de ellas tiene su postigo con dos cerrojos que unen las dos puertas, pero necesita su falleba, porque se pueden echar abajo sacándolas de sus quicios, necesitando también de pasador, tejuelos, gorrones y belortes de hierro con su batiente a la puerta para su seguridad. Así lleva al menos cuarenta años, el reparo costar setecientos reales, de los cuales treinta reales para reparar el tejado de la buhardilla.”

El 29 de julio de 1751, se vuelve a mencionar, aunque muy escuetamente, la ermita de San Pedro Apóstol en la respuesta vigésimo segunda de las Respuestas Generales para el establecimiento de la Única Contribución (AGS, Dirección General de Rentas, 1ª Remesa, Lib. 623, fol 699r-748v, provincia de Toledo; Vid. Redondo Alcaide, 1992: 628, nº 48).

El abandono del culto y los cuidados de la ermita, dio lugar al inicio de su ruina. A mediados del siglo XIX, en la mención que se hace en el Diccionario de P. Madoz (1845) al despoblado de Salvanés, se indica que solo conserva las paredes de su iglesia, lo que hace pensar que a principios de dicho siglo la ermita ya había iniciado su ruina.

Es importante realizar una descripción de los restos materiales actualmente visibles en superficie dentro del paraje donde se ubicó la aldea de Salvanés, un entorno que también ha sido conocido con el topónimo de El Ejido y que, en la documentación histórica de época moderna, se menciona como El Ejido de Salvanés.

Desde el punto de vista de los restos materiales, lo más llamativo en el yacimiento son las ruinas de la ermita de San Pedro (Figura 2). Los restos de la construcción se sitúan en una lengua de terreno que se asoma en la margen derecha de la vega del arroyo de San Pedro que está delimitada al norte y al sur por dos suaves vaguadas, en las que sabemos que hubo un manantial en el pasado. Esta elevación donde se asientan los restos del templo, se encuentra modificada artificialmente mediante un aterrazamiento con forma ovalada que debió funcionar a modo de atrio.

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El edificio de la ermita se encuentra en un avanzado estado de ruina, enmascarado por grandes derrumbes que impiden apreciar algunas de las características del mismo. No obstante, se puede advertir a simple vista que nos encontramos ante una construcción semiexcavada, pues, sobre todo en su extremo oeste, el nivel interior de la ermita se encuentra muy por debajo del nivel del suelo en el exterior, una característica ésta que resulta muy peculiar en lo que se refiere a los modos constructivos de este tipo de edificios.

La ermita presenta planta rectangular con unas dimensiones aproximadas de 9 x 24 metros. La orientación del eje principal del edificio es SW-NE, con la cabecera hacia el NE, como suele ser habitual en los templos cristianos. Los muros de la edificación, de aproximadamente 80 cm de espesor, están construidos con mampostería de piedra local (grandes nódulos de yeso, arenisca y, en menor medida, caliza) trabada con un tosco yeso gris que presenta grandes nódulos, aunque también se identifican partes trabadas con mortero de cal y arena de muy baja calidad. La construcción de algunos de los muros se realizó mediante encofrados de madera, tal y como se aprecia en la superficie interior del paramento sur. Esta técnica es la misma que se advierte en la ermita del despoblado de Santa María y obedece a un aprovechamiento de los recursos más abundantes del entorno, pues estas zonas del sur del término de Villarejo de Salvanés se extienden sobre un sustrato geológico de yesos masivos que tienen una utilidad evidente como material constructivo.

Tal y como se aprecia en el interior del extremo occidental del edificio, los muros asientan directamente sobre el macizo de yesos del sustrato geológico, que en esta zona se ha rebajado para salvar la pendiente, por lo que la construcción se encuentra semiexcavada. Aparte de para salvar el desnivel del terreno, los constructores recurrieron quizá a esta solución para aprovechar el material de la excavación en la edificación, optimizando así los esfuerzos.

En la Visita registrada a la Encomienda Mayor de Castilla el 22 de julio de 1515 (AHN, OOMM, Uclés, Lib. 1079 C, s. fol.; Vid. Redondo Alcaide, 1992: 509, nº 14), encontramos datos muy significativos sobre las características constructivas del edificio. Y, algo más de dos siglos después, la Visita de 31 de diciembre de 1738 (AMV, s. sig., s. fol.; Vid. Redondo Alcaide, 1992: 615, nº 46), se ofrece una prolija descripción de la ermita de San Pedro de Salvanés, que nos permite conocer su estado durante el siglo XVIII.

Hay aspectos en estas descripciones que dan cuenta de elementos ya desaparecidos, como el sistema de la cubierta del edificio, que combina la armadura de madera para sujetar el tejado con la bóveda de obra en la capilla, o la presencia de una buhardilla para la campana. También se habla de la existencia de cinco estribos o contrafuertes a cada lado de la construcción, aspecto este que se aprecia en la fotografía aérea de 1967, donde se ven claramente los cinco contrafuertes del paramento norte, aunque no se aprecia su existencia en el meridional.

Nos resulta fácil apreciar en los restos actualmente visibles, e incluso en la fotografía aérea de las décadas precedentes, la presencia de dos naves en la construcción. Como veremos, tampoco ha podido identificarse en los trabajos de excavación realizados, por lo que habrá que tratar de aclararlo en futuras intervenciones.

Se menciona también la casa del santero junto a la ermita, aunque los textos no la sitúan con precisión. No obstante, la inspección del entorno de la ermita previa a las excavaciones, ya permitió advertir que, junto al paramento sur, se encuentran acumulaciones significativas de piedras que sugerían la existencia de posibles cimentaciones de una construcción de menor entidad adosada a la ermita. Se aprecian derrumbes de piedras entre los que se encuentran fragmentos de teja y algo de cerámica a torno, lo que nos ha llevado a pensar que estos restos deben corresponder con la casa del santero, aspecto que también se ha tratado de contrastar exitosamente con la realización de un sondeo en esta zona.

En cuanto a la cronología de la construcción de la ermita, debemos suponer que su construcción se remonta en sus fases más antiguas al siglo XII, cuando se asienta la aldea de Salvanés de manera estable. No se concibe ninguna fundación poblacional de época medieval cristiana sin la presencia de una parroquia, por lo que lo que fue después ermita de San Pedro, debió ser primero, desde los orígenes de la aldea, la Iglesia Parroquial de San Pedro. Por ello, aunque la construcción debió ser objeto de reformas y reparaciones con el paso del tiempo, partimos de la base de que las estructuras principales del templo corresponderían a los primeros momentos de su construcción en la Plena Edad Media. De hecho, pensamos que las estructuras principales de la construcción que presentan trabazón de mortero de cal y arena, deben corresponder a las fases más antiguas, frente a las construcciones en las que se utiliza el mortero de yeso, que parecen corresponder a momentos posteriores.

Más allá de los restos de la ermita de San Pedro y su entorno inmediato, el yacimiento de Salvanés se extiende por una superficie mucho mayor en el ámbito de las terrazas de la margen derecha del arroyo de San Pedro. Su delimitación, realizada a principios de los años 90 del siglo XX, engloba una superficie de más de 60 Has de dispersión de materiales, en la que se advierten concentraciones llamativas en algunas zonas. Son materiales, fundamentalmente cerámicos, relacionados con el periodo medieval, desde el periodo visigodo, pasando por época islámica, hasta la Baja Edad Media, y con la Edad Moderna, entre los que se encuentran también restos de material constructivo, tales como teja curva y restos de ladrillo. La dispersión más significativa se encuentra al norte de la ermita, donde suponemos debió estar el caserío de la aldea de Salvanés. Estas zonas de aterrazamientos naturales y laderas de suave pendiente, debieron ser espacios preferentes para el establecimiento de las construcciones domésticas del asentamiento medieval. En la prospección superficial hemos podido observar concentraciones significativas de materiales constructivos y cerámicos asociados a afloramientos de zócalos de muros de mampostería.

RESULTADOS DE LA INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA

Los objetivos científicos de esta primera campaña se han centrado en el estudio directo de algunas partes significativas de la construcción más evidente del yacimiento, es decir, la que fue Iglesia Parroquial de la aldea de Salvanés entre los siglos XII y XIV y posteriormente ermita aislada hasta la segunda mitad del siglo XVIII, cuando se inició su ruina.

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Desde el punto de vista estrictamente arqueológico, se proyectaron tres tipos de actuaciones: en primer lugar, la prospección de la zona que ocupa el yacimiento de Salvanés, para incrementar nuestro conocimiento de los restos superficiales del mismo; en segundo lugar, la excavación de una serie de sondeos manuales en la ermita de San Pedro, para recabar información sobre las características y evolución del edificio y sobre las ocupaciones del yacimiento; y finalmente, un levantamiento fotogramétrico de de la ermita y su entorno para generar una topografía precisa y georreferenciada, además de un modelo virtual de los restos que pueda servir de base para incorporar la documentación arqueológica obtenida.

En lo que se refiere a la excavación arqueológica, se plantearon tres áreas de intervención relacionadas con el edificio: una en la zona de transición entre el ábside y la nave principal de la iglesia, en el extremo Este (Sondeo 1); otra en el espacio donde deben encontrarse las construcciones anejas a la edificación situadas al sur y que podrían corresponder a lo que los textos históricos mencionan como la “casa del santero” (Sondeo 2), y finalmente, otra situada en el extremo Oeste del edificio, incluyendo partes internas y externas al mismo, con el muro norte como referencia (Sondeo 3) (Figura 3).

En todas las áreas excavadas se han obtenido resultados de gran interés para el conocimiento de este edificio en sus distintas etapas constructivas, evidenciando aspectos novedosos y desconocidos hasta ahora, pero también permitiendo contrastar y confirmar la información que las descripciones de los textos históricos nos proporcionan. 

Sondeo 1 (Figura 4)

En el área excavada en la zona de transición del ábside con la nave principal, situada en el extremo Este de la Iglesia, se ha podido identificar la presencia de las jambas de un gran arco de medio punto, así como el desplome de dicho arco, realizado mediante encofrado de yeso, piedras y fragmentos de teja, y posteriormente enlucido con mortero fino de yeso, del que presenta varias capas de distintos momentos. Este arco separa la zona del ábside, donde se encontraba el altar mayor, de la zona de la nave principal donde se situaban los fieles. A los pies de las jambas del arco, se han encontrado los restos de dos muretes de yeso que deben corresponder al soporte de una celosía de madera mencionada en los textos históricos, que ocultaba parcialmente la zona del altar mayor. La celosía de madera disponía de una puerta centrar de doble hoja, cuya impronta se ha encontrado en el suelo de yeso.

Los derrumbes excavados en la zona del ábside confirman los datos de los textos a partir del siglo XVI, esto es, que esta parte principal del templo se encontraba cubierta con una bóveda de cuarto de esfera enlucida con yeso. Se han encontrado grandes bloques de esta bóveda que evidencian que estaba construida mediante un sistema de encofrado de yeso, similar a la del arco antes mencionado. Hemos alcanzado el último nivel de suelo de la ermita y partes de otro suelo anterior debajo de este, ambos realizados en yeso. No obstante, suponemos que podrían existir niveles de suelo anteriores, hipótesis esta que habrá que indagar en futuras campañas. Ya en la nave principal, en la cara interna de los muros se ha documentado la presencia de bancos corridos realizados en yeso y modificaciones estructurales que los ocultan posteriormente, en una sucesión de pequeñas reformas que tendremos que ordenar cronológica y funcionalmente cuando analicemos los datos obtenidos.

Hemos prolongado esta área hacia el Norte para estudiar la parte exterior de la iglesia en esta zona y hemos podido advertir que, a diferencia de otras estructuras de la construcción donde predomina la utilización del yeso, el muro principal en esta parte está realizado con grandes piedras de arenisca y caliza trabadas con mortero de cal y arena. Se ha localizado también la cimentación de un gran contrafuerte de refuerzo del muro principal (uno de los cinco que los textos históricos nos dicen que existían en el lado norte) y se ha podido ver que, en origen, la iglesia no disponía de un ábside separado de la nace principal y que, donde luego se hizo el gran arco anteriormente mencionado, existía un muro de cierre que funcionaba como primitiva cabecera del templo. Tenemos la certeza de que el análisis de toda la documentación obtenida en esta área, va a deparar un interesante panorama en lo relativo a la evolución constructiva del edificio.

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Sondeo 2 (Figura 5)

Por su parte, en el área excavada al sur del edificio de la iglesia, los objetivos se centraban en desentrañar los restos existentes de lo que pensamos que debe corresponder a la “casa del santero”, una construcción aneja a la iglesia y de la que no disponíamos de datos, salvo el hecho de su existencia.

Las acumulaciones de derrumbe y algunas posibles trazas de muro que se advertían superficialmente en esta zona, nos llevaron a plantear un área de excavación. Tras la retirada de los potentes derrumbes, se ha podido identificar la existencia de un muro de 60 cm de espesor a unos 4 metros en paralelo al muro de la ermita. El muro se encuentra enlucido en su cara norte con mortero de yeso y se asocia a un suelo también de yeso que corresponde a la última fase de utilización de este espacio, pues sabemos que existe al menos una fase anterior, ya que se ha identificado la parte superior de un banco corrido junto al muro norte de la habitación que es el que comparte con la iglesia. Esta estancia estaba cubierta por un potente derrumbe de tejas y de los restos de las bovedillas de yeso del falso techo de la estancia, que nos aportan interesantes datos sobre técnicas constructivas y permiten acotar cronológicamente el uso de esta estancia en su última fase.

En origen, la iglesia y este espacio estaban comunicados con una puerta de 1 metro de anchura con jambas enlucidas. Esta puerta, de la que no teníamos ninguna noticia, fue cegada durante la última fase de uso de la ermita y de la “casa del santero”. En futuras campañas, habrá que seguir ampliando la superficie de excavación en esta área para delimitar completamente esta habitación, así como excavar debajo de los niveles del último suelo para documentar fases anteriores de ocupación y su relación con la iglesia.

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Sondeo 3 (Figura 6)

Y en último lugar, se ha excavado también en el extremo Oeste del edificio, en una cata que incluye áreas internas y externas al mismo, en la zona donde los muros Norte y Oeste conectan haciendo esquina.

Se han retirado con gran trabajo potentes derrumbes de piedras y bloques de yeso situados a ambos lados del muro, lo que ha permitido evidenciar las características de este, que se encontraba parcialmente oculto.

En esta zona, la iglesia se construyó semihundida en el terreno geológico, como una forma de obtener material constructivo inmediato, pero también para optimizar las cualidades térmicas de la construcción, que al estar semienterrada, tenía una mejor temperatura en las estaciones más extremas del año. Por tanto, los muros documentados en esta área se encuentran adosados en su parte inferior a la fosa excavada en el terreno geológico. Se observa que este sustrato geológico de yesos, se talló no solo para encajar las paredes de la iglesia y sus espacios interiores, sino también para construir unos bancos o poyetes corridos en el perímetro interno de algunas partes de la iglesia. Estos bancos corridos se suplementaban con construcción de yeso y piedra cuando el terreno geológico no permitía tallarlos.

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CONCLUSIONES

Son muchos los interrogantes que se plantean en torno al despoblado de Salvanés y su antigua iglesia, pero sin duda esta primera aproximación directa a los restos conservados ha ofrecido muchos puntos de anclaje entre las fuentes escritas y la realidad que muestra el registro arqueológico. Si bien en esta ocasión nos hemos centrado en el estudio de la principal edificación del yacimiento, la excavación de otras áreas, en las que se advierte en superficie concentración de restos de la ocupación aldeana, puede complementar los datos de las fuentes escritas con el objeto de esclarecer el proceso de surgimiento de este enclave, su desarrollo y vicisitudes en la Plena Edad Media y su posterior abandono en favor del núcleo de Villarejo de Salvanés, un fenómeno este último de gran relevancia para comprender la reordenación del poblamiento en la cuenca media del Tajo a lo largo del siglo XIII. 

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